CONTAMINACIÓN SÓNICA AMBIENTAL

CONTAMINACIÓN SÓNICA AMBIENTAL

Ya en el siglo XVI, Londres era una ciudad llena de ruidoso Según el escritor Alison Plowden, los golpes y martillazos de millares de talleres, el retumbo y el chirrido de las ruedas de las carretas, el mugido del ganado camino al mercado, los pregones estridentes de los vendedores ambulantes …. Hacían de Londres todo un estruendo.

En el siglo XVIII, con la llegada de la Revolución Industrial, se hicieron evidentes los efectos del ruido mecánico cuando los obreros de las fábricas empezaron a sufrir pérdidas de la audición.

EI oído humano empieza a sufrir cuando los ruidos superan los 80 decibeles.

La intensidad e1el sonido se mide en bel, o más comúnmente en su decima parte, el decibel.

Según el Instituto Nacional de la Sordera de Estados Unidos, el volumen de sonido de los conciertos de música rock alcanza los 120 decibeles, el doble que una conversación normal. A los 125 decibeles el oído sufre y el ruido se hace intolerable a los 140 decibeles, que es equivalente al ruido que causa un avión a reacción. EI alto volumen de los equipos estereofónicos domésticos y de los altavoces en los recitales en vivo crea un estruendo mayor que el de una estación de ferrocarriles. Igualmente, los efectos sonoros utilizados en las películas desde los años 80 sobre terremotos, guerras, monstruos, viajes espaciales, erupciones volcánicas, etc. tienen como objetivo estremecer la audiencia con el ruido.

EI exceso de ruido ha sido la causa principal de la pérdida de audición en muchas personas.

EI ruido es parte de la cultura dominicana. En las casas se oyen radios y televisores a todo volumen. En las calles los carros, las maquinas de construcción, las plantas eléctricas son muy frecuentes. EI dominicano, en sentido general, tiende a hablar en un tono de voz muy elevado, le gustan las fiestas, y el ambiente de alboroto día tras día.

Debemos controlar el exceso para evitar la contaminación acústica que tanto daño hace a la salud del ser humano.

En otros países existen leyes para controlar el ruido. En Nueva Zelandia se considera que un ruido es excesivo cuando perturba injustificadamente la paz, comodidad y conveniencia de cualquier persona. En Estados Unidos y la mayoría de los países de Europa está prohibido sonar las bocinas de los carros, a menos que se trate de una emergencia.

 

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