EL ESTUDIO DE LA GUITARRA

EL ESTUDIO DE LA GUITARRA

Después de haber ocupado un lugar preponderante entre los instrumentos musicales durante el renacimiento, la guitarra –aunque sin caer jamás en un olvido total- permaneció dos siglos sin gozar del favor de los músicos, tanto compositores como intérpretes, y del público.

Hace sólo unas decenas de años que recobró su prestigio. Pero, incluso entonces, había arraigado tanto en las mentes la idea de que estaba destinada exclusivamente a interpretar música popular, que, para designarla, se consideró necesario añadirle el calificativo de clásica.

Sin embargo, la guitarra no es un instrumento diferente de la guitarra popular. El profano en dicho instrumento apenas si sabría distinguirlas por su forma. A partir del modelo construido por Torres a finales del siglo XIX, los fabricantes de guitarras realizaron meticulosos estudios, tanto en lo referente a los barnices como a los materiales: maderas preciosas, tales como palisandro, ébano, caoba, etc. Las cuerdas que se emplean hoy en día –de nylon para las notas agudas, y de nylon con hilo de cobre o de plata para las graves- han sustituido a las de tripa.

La Sonoridad

Estos detalles confieren a la guitarra una sonoridad potente y rica, con la que no podrían rivalizar las guitarras utilizadas para acompañamiento, construidas según el mismo modelo pero con materiales de calidad inferior.

En la actualidad, continúan las investigaciones para dar a la guitarra una sonoridad aún más poderosa, paro sin desnaturalizar su sonido con medios electroacústicas; a tal fin, algunos guitarristas, como Narciso Yepes, emplean guitarras de diez cuerdas (recordemos que la guitarra tradicional sólo tiene seis). Los fabricantes de guitarras más famosos, como Ramírez o Fleta, son los españoles, si bien tienen brillantes émulos en todos los países del mundo, sobre todo en Francia y en el Japón.

La guitarra clásica no es, pues, un instrumento diferente de la guitarra empleada en muchos países por los músicos populares; por el contrario, el estrecho parentesco y los lazos profundos que las unen explican el entusiasmo que hoy en día despierta la guitarra en casi todas partes.

Francisco Tárrega (guitarrista Español) (1872-1909)

Las obras y enseñanza que nos lego, constituyen la base de las técnicas contemporáneas de la guitarra. Esta técnica ha experimentado una considerable evolución desde los guitarristas de los siglos XVI y XVII, quienes ignoraban, por ejemplo el uso del arpegio.

Nuevas Técnicas

La técnica instrumental recibió un considerable impulso gracias a los guitarristas Románticos, dejándonos piezas de concierto, colecciones de estudios, estos fueron: Dionisio Aguado (1784-1849), Mateo Carcassi (1792-1853) Fernando Sor (1778-1839), el guitarrista más dotado de aquella época.

A partir de todos estos elementos Tárrega introduce gran número de innovación en la guitarra, como notas armónicas, pizzicato, el empleo sistemático de arpegios tales como el tremolo etc.

Emilio Pujols quien estudio con Tárrega escribió un método cuyo empleo se ha generalizado. Otros métodos de calidad es el del argentino Julio Sagrera, doce estudios de Héctor Villa lobos y los estudios del cubano Leo Brouwer figuran entre las más bellas composiciones cuyo repertorio de ha enriquecido el siglo actual.

 Fantasías y variaciones: el repertorio de la guitarra Clásica

El repertorio de obras para guitarra se amplió sin interrupción desde el renacimiento. Sin embargo, los compositores lo tuvieron bastante olvidado durante casi un siglo y medio, principalmente en la época romántica, en que el piano y la gran orquesta ejercieron gran influjo sobre los compositores. Pero, ni siquiera en esa época cayó la guitarra en un olvido total, puesto que la encontramos en manos de Paganini, Schubert y Berlioz, que le dedica un espacio en su Tratado de Orquestación. Esto explica que, si bien todas las escuelas se hallan presentes en el repertorio, la calidad de las obras es muy desigual; las piezas, más interesantes se escribieron en los siglos XVI y XVIII y, después, en la época contemporánea.

Más parecida a la guitarra contemporánea que el laúd, la vihuela, empleada durante el siglo XVI en España, es el antepasado directo de la guitarra. Sin embargo, como la técnica de la vihuela y del laúd es idéntica a la de la guitarra –aunque menos complicada-, las obras compuestas para aquellos instrumentos se integran perfectamente en el repertorio de ésta.

Los compositores de la época, que eran a la vez ejecutantes de sus obras y vivían en las cortes de España, Portugal, Inglaterra, etc., no utilizaban el sistema de escritura generalizado en nuestros días. Por consiguiente, se requiere un trabajo previo de transcripción para poner sus obras al alcance de un público numeroso. Muchos musicólogos han puesto al día un importante número de obras. En bibliotecas particulares y museos, se encuentran aun muchos manuscritos, objeto de trabajos de investigación.

 Los antiguos maestros

Los representantes más eminentes de este periodo en España, Luis Milán, Luis Narvaez, Alonzo Mudarra y Gaspar Sanz, sin duda el máximo guitarrista del siglo XVII. En Inglaterra, Jhon Dowland, tañedor de laúd en la corte de la reina Isabel. En Francia,  Adrien Le Roy, Jean Batiste Bésard y, en el siglo XVII Robert de Visée. En Alemania, Sylvius Leopoldus Weiss (land) XVIII.

Compositores contemporáneos

La literatura de este instrumento se enriqueció sobre todo con la revalorización de la guitarra por los compositores contemporáneos. A ello contribuyo en gran medida la infatigable actividad de algunos guitarristas de talento excepcional y, en particular, de Andrés Segovia. Manuel de Falla Homenaje a Debussy, y Albert Roussel con su Segovia figuran como los principales compositores contemporáneos que han escrito música para guitarra. Sin embargo, hasta estos últimos años, el florecimiento se efectuó al margen del desarrollo general de la música moderna. Solo en tiempos recientes empezaron los compositores de vanguardia a escribir para la guitarra. Así, Pierre Boulez, con Le Marteau Sans Maitre; el alemán Hans Werner Henze, con Cimarrón, o el cubano Leo Brouwer.

Transcripciones para guitarra

Las transcripciones de tablaturas (sistema de escritura antigua, propia del laúd) no deben confundirse con las que se realizan para guitarra a partir de piezas escritas para otros tipos de instrumentos. Como la guitarra es un instrumento polifónico (es factible tocar con ella, a la vez, una línea melódica y los acordes que la acompañan), se pueden interpretar piezas escritas para clavicordio o piano, así como para violín o violonchelo.

Sin embargo, los guitarristas suelen hacerlo solamente en los casos en que la transcripción no desnaturalice las piezas compuestas en principio para otro instrumento. Así, los trabajos de Tárrega, Pujol, Segovia y Bream, enriquecieron el repertorio de la guitarra con numerosas piezas de Scarlatti, Frescobaldi, Cimarosa y Juan Sebastián Bach, quien dedicó tres suites originales a la guitarra.

Aparte de los trabajos didácticos ya mencionados, pocas piezas de calidad nos quedan de la época romántica. Sin embargo, algunas obras muy interesantes de Fernando Sor conservan todo su atractivo.

Cerca de las raíces

Nada tiene de extraño que la  guitarra haya seguido caminos diferentes en su evolución. La mayoría de los grandes intérpretes contemporáneos llegaron a la música a través de la música popular.

La guitarra de forma paralela al desarrollo que experimenta como instrumento clásico, sigue siendo vehículo del folklore, en España y en la América latina y también en Europa central. Así, en las obras para guitarra de Héctor Villa Lobos (cinco preludios, estudios, un concierto, etc.), descubrimos una inspiración tan típicamente brasileña como pueda serlo española la de Albeniz o Granados. Con Agustín P. Barrios, en Paraguay y Carlos Chávez o Manuel M. Ponce, en México, la guitarra conserva sus raíces populares, lo mismo que con Moreno Torroba o Joaquín Turina, en España.

En cambio, los compositores europeos carentes de folklore aportaron al repertorio obras con frecuencia notables en particular Frank Martin, Benjamin Britten, Darius Milhaud, Maurice  Ohana  y André Jolivet.

 LA MUSICA DE CAMARA

La guitarra, por el mero hecho de ser un instrumento polifónico, se basta por sí misma: es un instrumento solista. Por esto se la incluye en formaciones de música de cámara, en tríos o cuartetos. La pequeña orquesta –formación orquestal de dimensiones limitadas– también la acoge. Se han escrito numerosos conciertos para dicho instrumento, como son, en época contemporánea, los de Rodrigo, Castelnuevo-Tedesco, Ponce y Villalobos.

La guitarra se utiliza también en dúo, con la flauta, el violín o incluso el clavicordio, tanto con piezas escritas originalmente para estas formaciones como transcripciones.

La forma más tradicional es el dúo de guitarras, con un repertorio muy considerable.

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