LA DIRECCION DEL CORO ESCOLAR

LA DIRECCION DEL CORO ESCOLAR

El director de un coro es el artífice de la obra que se interpreta. El coro, visto como unidad, realizará lo que su director ordene, más aun, asimilará su modalidad, su carácter, hasta su pensamiento musical. El más leve gesto o movimiento de un director es ampliamente interpretado y respondido por el coro.

El arte de dirigir es complejo. Podría decirse que no existe una técnica determinada.

La experiencia adquirida en la dirección del coro escolar, nos permite insertar algunos consejos, que deseamos ofrecer a los maestros, con toda modestia.
Ante todo, insistimos en lo ya dicho, un buen director de coros debe ejercer absoluto dominio sobre sus alumnos.

Se ha dicho que el director de coros es un solista que tiene por instrumento a los cantantes. Para eso debe consustanciarse totalmente con su grupo hasta formar una sola unidad pensante. Lo obtendrá sin duda, luego de un prolongado entrenamiento.  Es importante que posea una voz afinada y una extensión vocal amplia. Dado que en el coro escolar, la gama de sonidos no es tan extensa, es factible que una sola persona abarque la extensión total del coro.

No debe usar batuta. Con sus manos ‘transmitirá su voluntad a los intérpretes. Trasunta con ellas energía, vigor, tranquilidad, apasionamiento, suavidad, etc. Ha dicho algún autor que es «la mano que habla». También su cara reflejará la intención expresiva de la música. Los movimientos de los brazos son tradicionales, de acuerdo a la marcación de los tiempos en el solfeo, pero condicionados siempre a la transmisión expresiva de la música.

Los movimientos de ataque y final, serán precisos y deben adecuarse al carácter de las obras.

En el transcurso, el director deberá controlar constantemente la afinación y el equilibrio del conjunto, efectuando rápidamente la indicación particular que corresponda para corregir la mínima posibilidad de error. Ayudará a su coro efectuando, mientras canta, vocalización muda, pero nunca en voz alta, porque desorientará a los cantantes y anulará su propio control auditivo.

En síntesis, debe estar absolutamente convencido de su responsabilidad docente, y de la importancia que tiene la labor que realiza. Este convencimiento le dará amplia autoridad frente a sus alumnos, al público f’1l general y a las autoridades escolares en particular, que desgraciadamente no siempre valoran la trascendencia educativa de la actividad coral.

ELECCION DE LAS OBRAS

No es abundante en nuestro medio, la literatura coral escolástica. Las composiciones originales por su complejidad, resultan poco apropiadas para el coro escolar.

En muchos casos, se deben efectuar arreglos .Y adaptaciones. En ellas se tendrá muy en cuenta la tesitura, la riqueza polifónica, y especialmente el interés melódico de cada voz. Se evitará también la elección de canciones complejas y no deben incluirse en la labor coral páginas escritas para instrumentos y luego adaptadas al canto.

Son inapropiadas por su concepción original y desfiguran el sentido apreciativo del alumno.

Para cada edad y sexo deben seleccionarse canciones apropiadas. Es contraprodu­cente hacer cantar a un coro de niñas, amores contrariados o leyendas mustias, o a un coro de varones, lánguidas canciones de cuna. El programa de un coro escolar incluirá canciones de tipo clásico, folklórico y popular. Estos dos últimos géneros servirán de «puente» para insertar cautelosamente las obras de tradición coral clásica, cuyo valor y belleza, los alumnos llegarán sin duda a comprender y gustar.

Será también motivo de mucha atención el contenido literario de las obras.

La escritura rítmicamente homófona que confiere supremacía a una voz sobre las demás, tiene menos valor que la polifonía variada. La escritura contrapuntística, florida, con imitaciones .Y variedad rítmica en cambio, es mucho más interesante para el alumno, por la riqueza sonora que representa.

En la confección de un programa coral debe cuidarse un orden progresivo de dificultad. Los primeros, lugares estarán ocupados por páginas clásicas, tal vez religiosas, de ritmos lentos v de simple estructura armónica, con el fin de vencer el natural temor que existirá en 10R intérpretes «lente al público. Es aconsejable comenzar con algún canon.

Las restantes serán de carácter folklórico y popular.

Un programa de coro escolar no debe ser muy extenso, ocho o diez canciones serán suficientemente valoradas.

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