La Guitarra Clásica

La Guitarra Clásica

La guitarra tiene una larga tradición, cuyo origen y transformación aún no han sido esclarecidos. Hay quien habla de su existencia hasta tres mil años antes de nuestra era. En la Edad Media se le aplicaron los más variados nombres, aún sin existir diferencias notables en su forma. Se le conocía por crotta, rotta, rothe, psalter, pandura, vihuela, cithara, laúd, etcétera.

El nombre de cithara cambió al de guitarra durante el siglo XII, y no hay duda que este cambio se efectuó en España o en Italia, o en ambas partes a la vez, pues cithara fue cítara, y luego citára, y, por último, guitarra.

La vihuela no fue más que una guitarra de distinto tamaño y extensión. En el siglo XVI existían tres especies de vihuelas: a mano, con arco y con la púa. Hubo gran variedad de vihuela a mano, pero la más corriente tenía seis cuerdas dobles de tripa. Mientras la vihuela estuvo en su apogeo, la guitarra era relegada al triste papel de acompañante rutinaria, pero luego invadió el terreno de la vihuela, hasta reinar sobre sus congéneres.

 El instrumento fue el mismo que la vihuela, pero montado de forma diferente. Y así, a mediados del siglo XVI entramos en el apogeo de la guitarra, y aparecen los primeros tratados; Se le atribuye al catalán Juan Carlos Amat (1572-1640), músico y medico a la vez, ser el autor del primer método que se conoce sobre el instrumento: Guitarra española y vandola en dos maneras…, 1598. También se le atribuye al poeta Vicente Espinel (1550- 12 1624) haber añadido la quinta cuerda; de esta manera la afinación queda: la, re, sol, si, m i Así, las distintas afinaciones conocidas hasta entonces quedaron fuera de uso.

A Juan Carlos Amat le siguieron Roberto de Visée (1650- 1725) y Claudio Monteverdi (1567-Í643), quien introdujo dos • guitarras en la orquesta de su ópera Orfeo, 1607.

• Un siglo más tarde se distinguieron en Italia: Mauro Giuliani (1781*1828), quien compuso varias obras para su instrumento; Mateo Carcassi (1792-1853), que ganó popularidad con sus métodos para la guitarra; Ferdinando Carulli (1770-1841), quien triunfó por su gran virtuosismo en la guitarra, y escribió, además, varias obras para su instrumento: L’Harmonie Appliquée a la Guitare, París, 1825, y otros. Niccolo Paganini (1782-1840), compuso doce sonatas para guitarra y violín, y varias piezas para guitarra sola; además de seis cuartetos para guitarra, violín, viola y violoncello.

Sería interminable la lista de nombres de guitarristas y compositores que han contribuido al desarrollo de este maravilloso instrumento.

Al terminar el siglo XVIII, sólo se usaba en Italia la guitarra de cinco cuerdas, según Moretti.

La sexta cuerda fue añadida por el luthier Marechal, de París, en 1801, lo que enriqueció aún más el instrumento; la afinación, sin embargo, no sufrió ningún cambio, y aún en nuestros días se usa la que implantó Vicente Espinel.

 Fernando Sor (1778-1839), es un acontecimiento en la historia y en la literatura para la guitarra; y aunque no alcanzó el virtuosismo de Dionisio Aguado (1784-1849), su obra musical no ha sido igualada todavía.

 Fray Miguel García, conocido con el nombre de Padre Basilio, le añadió una séptima cuerda, la que éste pulsaba maravillosamente; además introdujo el punteado, pues anteriormente sólo se tañía, rasgueándola. Tuvo como discípulo a Dionisio Aguado.

Hubo una época en que era práctica general emplear las Cuerdas dobles.

Al tratar, del nuevo florecimiento de la guitarra, debemos mencionar, en primer lugar, al eminente guitarrista español Francisco Tárrega (1852-1909). Hijo de padres humildes, recibió las primeras lecciones sobre el instrumento, del guitarrista ciego Manuel González. Eusebio Ruiz le daba, a su vez, clases de piano; En 1863 recibió de Arcas útiles orientaciones. En 1878 ofreció su primer concierto, en Barcelona. En 1881, además de triunfar en el teatro Odeón y en la sala Pleyel, de París, conquistó la admiración de personalidades tan eminentes como Víctor Hugo, Luis Pasteur… A pesar de todo esto, Tárrega fue siempre modesto, además de considerarse aún lejos de la perfección que él ansiaba y el público le atribuía.

En 1906, un ataque de hemiplejia le dejó paralizado el lado derecho; a base de ejercicios logró de nuevo la acción del brazo y la mano; entonces continuó sus conciertos.

La sonoridad de Tárrega, quien pulsaba las cuerdas con las yemas de los dedos, se considera la más pura que se haya escuchado en la guitarra.

Su técnica ha hecho posible que grandes obras escritas para un instrumento tan completo y sonoro como el piano, pudieran ser transcriptas para la guitarra, sin que dichas obras perdieran en sonoridad, ni se notara pobreza armónica en su transcripción.

Su manera de digitar hizo posible las ejecuciones rapidísimas de ciertas obras, lo que logró con seguridad y brillantez. Tárrega descubrió grandes recursos técnicos: timbres, y efectos instrumentales, que multiplicaron las posibilidades de la guitarra.

Sus obras son universalmente conocidas, y su escuela, sin lugar a dudas, la mejor.

Entre sus discípulos se encuentran: Miguel Llobet (1875- 1938), Emilio Pujol (1886-), Daniel Fortea, Josefina Robledo y Pepita Roca, quienes han sido continuadores de su Escuela y de su arte.

 Consideramos que el más grande concertista que ha tenido la guitarra es el guitarrista español Andrés Segovia (1894). En 1913 se presentó en Barcelona, Valencia y Madrid, con brillantes éxitos, que han continuado y-crecido sin interrupción hasta nuestros días, lo que lo ha colocado al lado de los mejores concertistas del mundo, tales como: Pablo Casals, en violoncello; Jascha Heifetz, en el violín.

 A las extraordinarias facultades artísticas de que está dotado este insigne artista, se debe, que compositores tan importantes como Joaquín Turina (1882-1949), Federico Moreno Torroba (1891), Manuel Ponce (1882-1948), Felipe Pedrell (1841-1922), Alexandre Tansman (1897), Mario Castelnuovo-Tedesco (1895) y otros, le dedicaron algunas de sus obras.

Las maravillosas interpretaciones (proverbiales) de Andrés Segovia, grabadas en discos fonográficos, han universalizado su nombre, y difundido, de paso, el culto a la guitarra.

 Otros compositores y guitarristas son: Joaquín Rodrigo (1902), muy conocido por su Concierto de Aranjuez, para guitarra y orquesta, Narciso Yepes (1927), Julian Briand, Alirio Díaz, Antonio Lauro, Atahualpa Yupanqui, Laurindo Almeida, Agustín Barrios (Mangaré), Paco de Lucia…

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